Cientos de damnificados permanecen en refugios armados por los propios vecinos, mientras esperan asistencia oficial y evaluaciones sobre el estado de los edificios. El temor es que las lluvias compliquen las tareas de rescate y agraven las condiciones de quienes perdieron sus viviendas.
La situación en Cali, Colombia, se vuelve cada vez más crítica después del terremoto que golpeó al país. Mientras continúan las tareas de búsqueda y rescate, cientos de personas que quedaron sin vivienda permanecen en albergues improvisados construidos por los propios vecinos, expuestos a las condiciones climáticas.
El principal temor ahora es la llegada de la lluvia. En Cali llevan al menos dos semanas sin precipitaciones, pero los damnificados saben que un fuerte aguacero podría empeorar las condiciones de quienes duermen a la intemperie y dificultar las tareas de rescate entre los escombros.
La Alcaldía dispuso inicialmente un albergue en las Canchas Panamericanas, con capacidad para unas 60 familias. Sin embargo, la magnitud de la emergencia llevó a distintos barrios a organizar sus propios refugios ante la falta de espacios suficientes.
Vecinos organizaron sus propios refugios
Uno de los principales puntos de asistencia se encuentra en el barrio Chiminangos, en el norte de Cali. Allí alrededor de 300 personas debieron abandonar sus viviendas por el riesgo de nuevos derrumbes.
Los vecinos levantaron carpas y refugios con lonas, palos, bolsas y otros materiales que tenían disponibles. También organizaron ollas comunitarias, recolectaron ropa y medicamentos y distribuyeron alimentos entre las familias afectadas.
Sin embargo, los damnificados reclaman una mayor presencia de las autoridades. Según los testimonios recogidos por El País, todavía no se había completado el censo de las familias afectadas en algunos sectores, lo que dificulta la distribución de asistencia y la planificación de soluciones habitacionales.
Uno de los pedidos principales es que especialistas evalúen las estructuras dañadas antes de permitir el regreso de los vecinos. En algunos edificios las escaleras presentan graves daños y existe temor de nuevos desprendimientos.
El riesgo de regresar a las viviendas
La necesidad de recuperar pertenencias también lleva a algunos damnificados a ingresar a edificios que todavía presentan riesgos.
Vecinos contaron que comenzaron a retirar muebles y electrodomésticos utilizando las ventanas de los departamentos, debido a que las escaleras quedaron dañadas. En algunos casos, incluso organizaron cadenas humanas para sacar objetos pesados de los pisos superiores.
Mientras tanto, muchas familias continúan durmiendo en colchones y carpas instaladas en la calle. Algunas personas incluso deben continuar trabajando durante el día para poder afrontar los gastos cotidianos pese a haber perdido sus viviendas.
El temor a las lluvias
La llegada de precipitaciones representa una amenaza adicional para quienes permanecen en estos refugios. Además de afectar las condiciones de los damnificados, la lluvia podría complicar la búsqueda de personas que todavía permanecen atrapadas bajo los edificios colapsados.
En uno de los albergues, una mujer que comenzó trabajo de parto debió recibir asistencia en medio de las precarias condiciones. Allí, una de las damnificadas resumió el temor que atraviesa a las familias: “No tenemos a dónde ir”.
La emergencia dejó a Cali frente a una doble urgencia: continuar con el rescate de quienes permanecen desaparecidos y, al mismo tiempo, encontrar una respuesta para cientos de familias que perdieron sus hogares y ahora dependen de la solidaridad de sus propios vecinos.



