La administración de Donald Trump busca llevar los cruces ilegales desde México a cero. El refuerzo de las barreras, la vigilancia con drones y la presión sobre las autoridades mexicanas redujeron las detenciones, pero los traficantes comenzaron a utilizar túneles y sistemas de alcantarillado para intentar ingresar a Estados Unidos.
La ofensiva de Trump apunta a “cero cruces”
La política migratoria de Donald Trump volvió a endurecerse desde su regreso a la Casa Blanca y tiene un objetivo declarado: reducir al mínimo y, eventualmente, eliminar los cruces ilegales desde México hacia Estados Unidos.
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, aseguró durante el verano que la frontera estaba “cerrada” para quienes intentaran ingresar violando la ley. Detrás de esa postura se encuentra una estrategia que combina mayor presencia de seguridad, tecnología de vigilancia y nuevas barreras físicas.
Durante julio, las autoridades estadounidenses detuvieron en promedio a unas 400 personas por día cuando intentaban cruzar desde México. La cifra representa una fuerte caída respecto de los niveles registrados durante el pico migratorio de 2022, cuando los cruces diarios se contaban por miles.
En algunos momentos, los registros llegaron a ubicarse incluso en torno de las 200 detenciones diarias. Sin embargo, para Stephen Miller, uno de los principales responsables de la política migratoria de Trump, esos números todavía están lejos del objetivo de llegar a cero.
Más controles y presión sobre México
La Casa Blanca incrementó los controles a lo largo de la frontera mediante kilómetros adicionales de alambre de púas, nuevas estructuras y sistemas tecnológicos destinados a detectar movimientos en zonas de difícil acceso.
También se incorporaron drones autónomos equipados con cámaras y sistemas infrarrojos para vigilar grandes extensiones del límite entre ambos países.
Al mismo tiempo, Washington aumentó la presión sobre el Gobierno de Claudia Sheinbaum para que profundice las medidas contra las redes dedicadas al tráfico de personas.
El 26 de agosto, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se reunió con el canciller mexicano Roberto Velasco y reclamó “acciones decisivas contra la inmigración ilegal”, según informó el Departamento de Estado.
Los traficantes comenzaron a utilizar túneles
El endurecimiento de los controles produjo un efecto inesperado: las organizaciones dedicadas al tráfico de personas comenzaron a buscar caminos cada vez más difíciles de detectar.
Una de las alternativas es el uso de túneles construidos originalmente para el traslado de drogas, que ahora también son utilizados para transportar migrantes hacia territorio estadounidense.
Algunos de estos pasadizos fueron conectados con redes de drenaje y alcantarillado, lo que permite ocultar los desplazamientos y dificultar la detección por parte de las autoridades.
En mayo, por ejemplo, una cámara de vigilancia detectó a 19 migrantes, entre ellos tres menores no acompañados, desplazándose por el sistema de alcantarillado de San Diego.
Especialistas citados en el reportaje advierten que el fenómeno podría estar creciendo a medida que se intensifican los controles en la superficie.
Túneles cada vez más sofisticados
Los nuevos pasadizos no siempre son simples excavaciones. Algunas organizaciones recurren a especialistas capaces de construir estructuras con iluminación, ventilación y sistemas de rieles para facilitar el traslado de personas y mercadería.
En la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso, las autoridades estadounidenses descubrieron un túnel que atravesaba el Río Bravo y estaba conectado con el sistema de alcantarillado de la ciudad estadounidense.
Según un funcionario citado por el reportaje, los carteles pueden cobrar hasta 15.000 dólares por persona a migrantes latinoamericanos que utilizan estos recorridos clandestinos. Para personas provenientes de Medio Oriente o del sudeste asiático, el costo puede alcanzar los 25.000 dólares.
Un negocio que también sirve para el narcotráfico
Las mismas estructuras utilizadas para transportar personas continúan vinculadas al tráfico de drogas.
Uno de los casos más llamativos fue descubierto en Tijuana, donde las autoridades encontraron un túnel de aproximadamente 17 metros de profundidad y casi 500 metros de extensión, oculto detrás de un establecimiento comercial que aparentaba estar abandonado.
El pasadizo contaba con un elevador hidráulico, ventilación y un sistema de rieles. La investigación permitió además interceptar un camión refrigerado que había salido del lugar con más de una tonelada de cocaína, valuada en unos 45 millones de dólares.
Otro túnel localizado en San Luis, Arizona, también era utilizado presuntamente para trasladar tanto drogas como migrantes y tenía su salida escondida en un antiguo restaurante abandonado.
Una nueva disputa bajo la frontera
La estrategia de Trump consiguió reducir de manera drástica los cruces detectados en la superficie, pero las autoridades ahora enfrentan un nuevo desafío: impedir que las redes de tráfico trasladen parte de sus operaciones al subsuelo.
Así, mientras Estados Unidos amplía muros, vigilancia y controles para acercarse al objetivo de “migración cero”, los traficantes buscan nuevas formas de atravesar la frontera sin ser detectados.
El resultado es una disputa que ya no se desarrolla solamente en el desierto y junto a los muros fronterizos, sino también debajo de las ciudades y a través de una creciente red de túneles y alcantarillas.

